Me siguen... (allá ellos)

jueves, 12 de abril de 2012

Aquel castillo...


Envuelto en espesa bruma
De tarde húmeda e invernal
Vuelvo a encontrarlo...
Escondido...
Empequeñecido...
Se le inventaban historias fantásticas,
Lo rodeaban mitos y leyendas...
Y hoy hay que buscarlo para hallarlo.
Rodeado de terrenal materia,
Perdió la fantasía del pasado...

Recuerdo la tarde en que trepé a su torre...
El vértigo oprimiendo mi abdomen,
Y la mano de Don Bonifacio...
Sabiendo...
Brindando calma.

Y hoy desapareció la princesa que quise ser...
Desapareció también el príncipe no azul...
(Porque azules eran los uniformes...)

Y de pronto tengo la certeza,
De que este viaje en el tiempo,
Es lo que verdaderamente soy...
Sin saber muy bien por donde caminar.
Cuanto más ardua es la tarea
Que llevamos delante...
Más claro es el desafío...

Retornar nuevamente
Al hogar...

 Como todos los años en algún momento subo algún refrito que originariamente fue poco leído, por lo general algo tuneado, pero refrito al fin... Este tiene una particular emoción porque se refiere a mi infancia...
Cuando era una niña, en mi ciudad natal, vivía en una casa a pocos metros de la esquina, justo enfrente de esa esquina había un inmenso castillo que ocupaba casi media manzana... Se tejían todo tipo de espeluznantes y macabras historias con respecto a su construcción y posterior abandono...
Años después supe que había sido una ofrenda de amor de un millonario hacia los caprichos de su amada...
El año pasado tuve oportunidad de volver a pasar por allí y con el tiempo para detenerme y curiosear tranquila, los lotes que daban a la calle se fueron vendiendo y construyendo casas que nada tienen que ver con la estética original y del castillo solo quedan las torres del centro de manzana. Me costó bastante tomar las fotografías, pero gracias a las manos mágicas de Maradentro (ó El Novio) que editó las fotos, quedaron muy bonitas...
Él mismo contribuyó en su momento con una poesía muy bella que dejó a modo de comentario, y que quiero regalárselas...

Castillo que habla a la niña,
espera que reinvente el juego,
y lleve los suspiros a la torre...
Pañuelo bordado de oro,
para la niña que ya mujer se anima,
y vuelve a la aguja rodeada de cielo
y desata la angustia vieja.

Sonríe y va entendiendo que siempre fue amada;
en cadena de amores rolados como reyes, mendigos, príncipes...
Y castillos de barrio que todavía están de pie, 
y la llaman por su nombre,
como papá...

Maradentro